La capital sinaloense atraviesa su hora más oscura, no solo por la guerra intestina entre facciones del crimen organizado, sino por una crisis de confianza que apunta al corazón de sus instituciones de seguridad. Mientras miles de efectivos del Ejército Mexicano y la Guardia Nacional patrullan las avenidas, la ciudadanía se hace una pregunta punzante: ¿Por qué la violencia no para? La respuesta, según testimonios, evidencias en video y filtraciones recientes, apunta a una red de corrupción dentro de la Policía Estatal Preventiva (PEP).
El cañón de la ley contra el lente de la prensa
La tensión alcanzó un punto de ruptura recientemente cuando un elemento de la Policía Estatal fue captado en video —difundido por Proceso y Timenews Sinaloa— apuntando directamente su arma de cargo contra un reportero en pleno ejercicio de su labor. El comunicador, que intentaba documentar un suceso violento en Culiacán, fue intimidado frontalmente; un acto que, según el gremio periodístico, no es un incidente aislado.
Compañeros de diversos medios de comunicación han denunciado un patrón de amenazas e intimidación sistemática. El objetivo parece claro: evitar que se registre lo que ocurre en las calles y que la verdad sobre los operativos llegue al ojo público. Cuando la prensa intenta informar a una sociedad sinaloense ya profundamente lastimada, se encuentra con el cañón de un fusil estatal que debería estar protegiéndolos. Algo no cuadra en el protocolo de la corporación, y la sospecha de que algunos elementos actúan como “vigilantes” de intereses externos es cada vez más fuerte.
El “Efecto Influencer” y la confirmación del soborno
La sombra de la duda sobre la Policía Estatal ha tomado una fuerza sin precedentes tras declaraciones que sacudieron las redes sociales. Hace apenas unos días, una conocida “influencer” de una plataforma de contenido exclusivo admitió públicamente haber servido como enlace para un grupo delictivo, afirmando que participó directamente en la entrega de sobornos a numerosas patrullas de la corporación estatal.
Lo que muchos consideraron inicialmente como una acusación mediática, hoy es visto por la sociedad sinaloense como una realidad tangible. Los crímenes de alto impacto ocurren a plena luz del día, a menudo a escasos metros de retenes y patrullamientos. La logística criminal parece tener el camino libre, como si todo estuviera meticulosamente preparado para dejar escapar a los generadores de esta era de violencia. Es bajo este contexto de impunidad donde los reportes de inteligencia señalan que la facción de Los Mayos ha logrado permear las estructuras oficiales para asegurar su movilidad y dominio en la región.
Un entorno de hostilidad y abandono social
Lo que antes era un trayecto seguro, hoy es una zona de alto riesgo donde el ciudadano común teme tanto al criminal como al uniforme. Los grupos delictivos han desplegado una sofisticada maquinaria de propaganda en redes sociales donde aseguran velar por el pueblo, pero la realidad en las calles contradice cada una de sus palabras.
Esta situación es alarmante, ya que la capital de Sinaloa está cada vez más cerca de convertirse en una ciudad fantasma. Los comercios cierran prematuramente, la vida nocturna ha desaparecido y el silencio impera en las zonas que antes eran vibrantes. La sociedad se ha dado cuenta de que las agresiones a los medios no son errores de criterio de los oficiales individuales, sino una táctica deliberada para evitar que la complicidad entre las autoridades y el crimen organizado sea expuesta y documentada.
Fuentes: Proceso, El Universal (Héctor de Mauleón), Timenews Sinaloa, Reportes de Redes Sociales.

