La historia de David McBride: Un viaje de descubrimiento sobre sus raíces
La historia de David McBride comienza de una manera inusual: “Me encontraron en una bolsa, vestido de azul”. Criado en un hogar cariñoso en Belfast, Irlanda del Norte, siempre supo que era adoptado. Sin embargo, a los 15 años, al solicitar un certificado de nacimiento para enlistarse en el ejército, se dio cuenta de la escasa información que tenía sobre sus orígenes, pues el documento estaba casi vacío. Los nombres de sus padres biológicos figuraban como desconocidos, y no había información sobre su lugar o fecha de nacimiento.
La búsqueda de sus raíces
Su padre adoptivo compartió con él lo poco que sabía: David había sido abandonado y encontrado como un bebé en el asiento delantero de un automóvil sin llaves. Juntos, decidieron investigar más. Comenzaron a buscar en la biblioteca pública local, revisando viejos recortes de periódicos.
El caso de David atrajo atención en su momento, ya que los abandonos infantiles eran muy raros en Irlanda del Norte. El testimonio de McBride señala que en ese tiempo, las madres solteras enfrentaban un gran estigma social: “Si una mujer quedaba embarazada fuera del matrimonio, era rechazada. El problema era la tendencia a ocultarlo todo”. Aunque los recortes de periódico no les proporcionaron mucha información, sí confirmaron que recibió buenos cuidados en sus primeros días: “Me alimentaron bien y me cuidaron bien”. Con base en eso, decidió buscar a su madre biológica.
Los mellizos del destino
Con el pasar de los años, a pesar de sus esfuerzos y de haber participado en un programa de la BBC sobre niños abandonados, McBride no logró respuestas concluyentes hasta que su hermana lo animó a realizar una prueba de ADN. El resultado fue revelador: tenía una hermana biológica.
Su nombre era Helen Ward, y en lugar de responder a las preguntas sobre su madre, ella también tenía muchas interrogantes sobre su origen, ya que ella también había sido abandonada al nacer. “Me encontraron en una bolsa verde dentro de una cabina telefónica”, recuerda Ward. “Lo primero que pensé fue que éramos los mellizos de la bolsa”.
Aunque no eran mellizos—nacieron con siete años de diferencia y fueron hallados en lados opuestos de la frontera irlandesa—, las similitudes en sus historias eran sorprendentes. “Me encontró un camionero”, cuenta Ward. “En la bolsa había un biberón caliente y un cambio de ropa. Estaba muy bien vestida y abrigada”. Ambos crecieron en familias adoptivas amorosas, pero Helen sintió la necesidad de aprender más sobre su madre biológica tras convertirse en madre.
El deseo de conocer
Ward contactó a una trabajadora social de la zona donde fue encontrada, quien le mostró un certificado de nacimiento que contenía las mismas menciones de “madre desconocida” y “niña encontrada desprotegida”. “Estaba muy disgustada. Una tiene tantas preguntas, y es tan difícil encontrar respuestas”, expresó.
Con el tiempo, Helen también inició su propia búsqueda y compartió su historia en un programa de radio donde los oyentes podían llamar y participar. Descubrió al policía que había manejado su caso en 1969 y al camionero que la había encontrado. Más tarde, tras recibir un kit de ADN como regalo, logró encontrar a su hermano perdido. “Fue increíble”, comenta. “No paraba de pellizcarme para asegurarme de que no era un sueño”.
Encuentros emocionales
Cuando finalmente se reencontraron, la experiencia fue abrumadora. “Intentas asimilarlo todo. Tienes tanto que decir que quieres explotar”, describe Ward. David añade: “En cuanto nos conocimos, todo lo que nos rodeaba pareció dejar de existir”. Sin embargo, una vez que una búsqueda terminó, otra comenzó: la de sus padres biológicos.
Se enteraron de que su madre había fallecido a los 90 años, poco antes de su reencuentro, y su padre hacía años que había muerto. Pero lograron reconstruir algunos fragmentos de su vida familiar: “Nuestra madre era del campo. Nuestro padre era de la ciudad”, explica McBride. “Tuvieron un romance que duró 40 años o más”.
David reflexiona sobre la complejidad de la relación: “Él estaba casado, y aunque había un amor genuino, su situación era complicada por las diferencias religiosas en esa época”.
El descubrimiento de un tercer hermano
La historia dio un giro inesperado cuando Helen recordó un relato sobre un bebé encontrado en una cabina telefónica en 1965. Esa historia resonó con la suya y la de David, llevándola a preguntarse si podrían tener otro hermano. Una joven australiana, al ver un programa en el que McBride y Ward compartían su experiencia, empezó a indagar sobre su propio padre irlandés, John, y descubrió que efectivamente, era su hermano biológico.
“Él era el hijo del medio”, añade Helen. “Cuando nos sentamos los tres a conocernos, fue surrealista. Estás viendo a tu familia y surgen mil preguntas, pero el momento fue mágico”.
Reflexiones finales
A pesar de las muchas preguntas que quedan sin respuesta, tanto Helen como David coinciden en que no pueden juzgar las decisiones de su madre. “Debió de ser horrible para ella”, lamenta Helen. David recuerda haber visto un video de su madre anciana aferrándose a una muñeca, lo que deja entrever el dolor de su vida.
Conclusiones
La historia de David McBride y Helen Ward es un viaje de búsqueda de identidad, amor y reconciliación. A pesar de los desafíos que enfrentaron al tratar de entender su pasado, ambos han encontrado fuerza en los lazos familiares que nunca supieron que tenían.
- David McBride descubrió su historia familiar a través de una búsqueda sobre su origen.
- Tanto él como Helen Ward fueron abandonados al nacer y criados en hogares adoptivos.
- A través de una prueba de ADN, se encontraron con una hermana biológica y juntos indagaron sobre su madre.
- A pesar de los misterios sin respuesta, valoran los vínculos familiares y las nuevas relaciones formadas.

